El inicio (o no) de mi transformación.


Así me quedé. Tirado en la playa. De día, sin toalla y con la ropa puesta.

Cualquiera que me haya visto sobre la arena, boca arriba, con los ojos cerrados y con pantalón largo diría… este se ha pasado.

Porque alguien así en Ibiza.. no desentona.

Pero así me quedé después de la primera sesión.

La que inició un cambio profundo en mí.

“Trae a tu mente el problema que estamos trabajando”- Dijo mi formadora.

¿Qué sientes más… miedo, vergüenza u orgullo?

Y entramos…

Lo que hice en esa sesión fue duro.

Empezamos a desmenuzar un problema aparentemente sencillo, conectando con todas las emociones que escondía.

“Me desestabilizo cuando hablo con una mujer que me gusta como pareja.”

Parece una tontería. Hasta que pasa.

Hasta que un mensaje que no llega te desestabiliza. Ves que ha leído y no contesta. Notas ese nudo en el pecho.

Entonces te das cuenta de algo incómodo.

Quizás el problema no es el whatsapp. Ni la mujer. Quizás es sólo el botón que activa algo más antiguo.

Algo hay por ahí.

Tiramos del hilo. Lo que empezó a salir… tela.

Miedos del pasado. Momentos dolorosos. El corazón roto.

Y ahora tocaba sentirlo.

Pensaba que mirar a otro lado ayudaba. Como una herida de la pierna que se cura sola.

Pero amigo, amiga… Cuando hay una herida de verdad, eso no vale.

Puedes distraerte. Hacer deporte. Trabajar más. Llenar tu agenda. Salir con otra persona…

Pero la herida sigue ahí.

Esperando a que alguien tarde unas horas en contestar para que se active.

Mi transformación empezó cuando dejé de huir.

Sintiendo esas emociones olvidadas.

Aceptando las emociones que están ahí. Guardadas en mi subconsciente.

El otro día, una amiga a la que estoy acompañando me preguntó:

¿Cómo sabes que estás avanzando?

Mi respuesta fue sencilla:

Porque te sientes más tranquila ante la misma situación.

El cambio emocional no llega con fuegos artificiales. Es más sutil.

Pero lo notas.

Lo notas en el cuerpo. En tus conversaciones. Lo notas cuando algo que antes te desestabilizaba, ahora no te arrastra.

En el siguiente email te hablaré de qué hice con lo que encontré dentro.

Sencillo. Pero potente. Para dejar atrás las heridas, y volver a ser yo.

Hasta la próxima entrega.


pd. Si crees que esto le puede interesar a alguien, envíaselo y que se apunte ;)

No le dejes!

Si te ha llegado esto y no estas inscrito. Apúntate para recibir historias como esta

MARIO TEBAR

LIFE MASTERY

Plaza Liceo 3, Madrid, Madrid 28043
Unsubscribe · Preferences

Mario Tebar - Life Mastery

Para que puedas abrir boca de la newsletter que envío, mas abajo verás algunos ejemplos. Y si has caído aquí por primera vez esto te interesa: Con esta newsletter verás historias reales, prácticas poderosas y lecciones que nacen de atravesar desafíos profundos… para que puedas romper tus límites, alcanzar el siguiente nivel y despertar tu fuerza interior. Únete al camino.

Read more from Mario Tebar - Life Mastery
Ira - La fuerza del cambio

MI SABOTAJE. MI APRENDIZAJE Ansiedad. Miedo. Inseguridad. Y lo peor era ver cómo me saboteaba una y otra vez. Te voy a contar una experiencia muy personal. Y algo que me cambió bastante. Para que no tengas que vivirlo tu. Te cuento. Este es Mario, en los últimos años: Conozco una mujer que me gusta, como pareja. Y en vez de sentirme ilusionado… Aparece ansiedad. Y cuando lo superaba… aparece Miedo. Emociones que surgen de dentro. Tan fuertes que pierdo el norte. Y adivina lo que pasa. Exacto....

Visualiza tu vida

No se trata de sólo visualizar. Se trata de sentir. ¿Y si te dijera que hay una forma de entrenar tu mente… que te acerca a lo que quieres vivir? Y no tiene nada que ver con la suerte. Ni con pensar en positivo sin más. Tiene que ver con cómo visualizas lo que quieres. Al detalle. Y con algo más importante: Lo que sientes. Porque no se trata de la imagen en sí. Se trata de sentir ese momento. Y alinearte con ese estado. Yo lo estoy probando. Me veo en esa vida que quiero construir. Una casa...

Respira. Desconecta

Dormir, cuando la tormenta aprieta. Te voy a contar una historia fuerte. Y cómo dormir cuando la tormenta aprieta. El médico me miraba extrañado. Quizás estaría esperando prescribir pastillas para dormir. Quién sabe. -¿Qué tal estás durmiendo? -Bien. Sus ojos me inspeccionaban. No parecía creerse mis palabras. Un chaval de 36 años. En pleno tratamiento de quimioterapia. Dice que duerme bien. No tiene sentido. Fue duro. No te lo voy a negar. Pero por las noches… caída redondo. No porque no...